La psicología dice que las personas que hablan alto y a veces gritan no son agresivas; en realidad, sienten las emociones con más fuerza que el resto

El volumen puede acompañar a emociones distintas, pero los estudios no permiten deducir la personalidad de alguien solo por cómo habla

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redaccion

Redacción de Genbeta

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Los gritos pueden ir asociados a emociones de todo tipo. Podemos estar entusiasmados, tener miedo o estar enfadados. Por ello, los gritos están relacionados con la expresión emocional. Sin embargo, no podemos saber qué sentimientos tiene la persona que está gritando solo por el volumen. También hay investigaciones relacionadas con esto.

Por ejemplo, en un artículo de 1996 en el Journal of Personality and Social Psychology (Rainer Banse y Klaus R. Scherer) los autores analizaron 224 interpretaciones de 14 emociones por parte de actores profesionales.

El procedimiento es importante porque lo que tienen son grabaciones diseñadas para mostrar estados emocionales. De este modo pueden analizar aspectos de expresión y reconocimiento. Para poder decir que las personas que hablan alto sienten más que otras, deberíamos comparar su experiencia emocional habitual. En este caso no se hizo un análisis comparativo entre grupos de personas según su nivel habitual de volumen.

Cómo influye la forma de hablar en las emociones

Además de estos trabajos en los que se analiza el volumen de voz, también se han hecho otros en los que se manipula el estilo de habla. En un estudio de 1993, Aron W. Siegman y Stephen Boyle pidieron a los participantes que recordasen eventos personales y los relatasen utilizando diferentes estilos de habla. Cuando contaban situaciones de miedo y ansiedad utilizando un estilo de habla más rápido y alto, presentaban los mayores niveles de activación emocional (tanto subjetiva como cardiovascular). Se encontró una interacción entre expresión y experiencia.

Hablando Alto

Algo similar habían encontrado en 1990 Siegman y sus colaboradores con la ira. En este caso, los participantes contaban episodios que les provocaban enfado. Cuando utilizaban un estilo de habla rápido y fuerte, mostraban mayores niveles de ira declarada y una mayor reactividad de la presión arterial y la frecuencia cardiaca que cuando utilizaban su estilo normal. Pero estos son resultados obtenidos en tareas específicas de laboratorio.

También podría ser que se utilice el volumen como una estrategia de intimidación. En un trabajo de 2024, los autores analizaron más de 3000 vocalizaciones humanas y llevaron a cabo cuatro experimentos de percepción. Encontraron que el habla fuerte es una estrategia efectiva de comunicación de fuerza y agresividad.

Para comprender el proceso de una conversación, es importante diferenciar entre emoción y conducta. Según la Asociación Americana de Psicología, la agresión es un comportamiento dirigido a causar daño. La ira no es necesaria ni suficiente para que aparezca. Es posible que una persona tenga enfado sin agredir.

En el mismo trabajo se encontraron diferencias según la emoción. En el caso de los eventos tristes y depresivos, los mayores niveles de activación (tanto subjetiva como cardiovascular) se producían cuando los participantes hablaban lento y bajo. No es que cuanto más alto, mejor.

El ruido también cambia el volumen de la voz

También hay que tener en cuenta el contexto acústico. Existe un fenómeno llamado efecto Lombard. Consiste en que, cuando hay ruido, aumentamos involuntariamente el esfuerzo vocal para que nos oigan. Antes de pensar que alguien está mostrando una emoción porque habla fuerte, tenemos que pensar si es que está tratando de hacerse oír en un contexto ruidoso.

En un experimento (publicado en abril de 2026), los participantes (21) generaron sílabas en dos momentos de silencio y uno de ruido (80 dB). Tras el momento de ruido, pasaron 5 minutos de descanso. En el momento de ruido aumentaron la intensidad de voz en promedio en 5,2 dB. Tras el descanso, volvieron a niveles cercanos a los iniciales.

Imágenes | Pexels

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